El Papa le da unos manotazos a una mujer y luego se retracta

El año pasado concluyó con un llamativo incidente en el Vaticano. Mientras el Papa Francisco I se encontraba saludando a varios fieles, una mujer lo tomó por el brazo bruscamente, por lo que el Papa, visiblemente enojado, le dio repetidos manotazos para zafarse. El mundo, por supuesto, no desperdició la oportunidad para recriminar la actitud de Francisco, quien al día siguiente pidió perdón por haber perdido la paciencia.

Nadie recriminó la actitud de la atorrante mujer, quien sin ningún tipo de decoro ni respeto tiró del brazo del Santo Padre, elegido por el mismísimo Dios a través de sus cardenales, que además se habrá llevado un terrible susto pensando que le iban a pegar unos tiros. Pero nada, es el Papa el que tiene que pedir disculpas.

¿Dónde quedaron aquellos Papas como Julio II que se sentaban a lomos de un caballo de batalla para hacer morder el polvo a sus enemigos en batalla? Todo ello a la vez que obligaba a Miguel Ángel a pintar la Capilla Sixtina. Y nadie le pedía ninguna explicación. Ah, qué tiempos aquellos. Esa era una Iglesia que valía la pena seguir.